NOAA and IRI have issued an El Niño advisory, with the Pacific signal expected to strengthen into a moderate to strong event peaking in autumn 2026. For Yemen and Djibouti this points to two hazards in sequence: a weaker summer monsoon from June to September, which is the main rainfed and spate irrigation season, followed by heavier and more erratic rainfall from October to February. FutureWater, in a joint venture led by Acacia Water, is preparing a rapid seasonal drought and flood outlook for the World Bank. The outlook combines historical El Niño evidence with a machine learning model of large scale climate drivers, and expresses the result in impact categories per climatic zone, to support decisions on anticipatory action.

Yemen y Yibuti dependen de dos cortas temporadas de lluvias. El monzón de verano, de junio a septiembre, aporta la mayor parte de las precipitaciones que alimentan la agricultura de secano y el riego por crecidas, mientras que de octubre a febrero se producen tormentas más breves y erráticas que pueden convertir los wadis en crecidas repentinas. El Niño, la fase cálida de la Oscilación del Sur de El Niño, tiende a debilitar la primera temporada e intensificar la segunda, por lo que un único fenómeno puede provocar sequía e inundaciones sucesivas.

El Banco Mundial necesita saber si los indicios actuales apuntan a un riesgo elevado de sequía e inundaciones repentinas en la próxima temporada, con la suficiente antelación como para poder debatir medidas preventivas con el Gobierno y los socios para el desarrollo. FutureWater realiza esta evaluación como parte de una iniciativa conjunta liderada por Acacia Water, elaborando un informe rápido de perspectivas estacionales para cada país en un plazo de seis semanas.

La previsión se elabora en tres pasos. Se analizan los fenómenos históricos de El Niño comparándolos con los datos de precipitaciones por satélite, el estado de la vegetación, los registros de desastres y los informes humanitarios, con el fin de determinar qué estaciones y regiones han sido más vulnerables. A continuación, un modelo de «bosque aleatorio» relaciona los factores determinantes a gran escala —como el índice Niño 3.4, el dipolo del Océano Índico y las precipitaciones previas— con las anomalías locales de precipitaciones y sequía, lo cual se valida mediante una validación cruzada en la que se excluye un año y se presenta junto con su precisión. Las previsiones se elaboran para tres zonas climáticas en lugar de para gobernaciones, ya que las anomalías estacionales siguen las fronteras climáticas y no las administrativas.

Los resultados del modelo y los análogos históricos se combinan en categorías de impacto basadas en la distribución local observada, de modo que la previsión sigue siendo útil incluso cuando la precisión de la previsión es limitada. Cada informe nacional expone las perspectivas estacionales y sus implicaciones para la adopción de medidas preventivas, con anexos sobre la respuesta de la vegetación a la sequía y sobre las crecidas repentinas asociadas a El Niño, así como una breve presentación de diapositivas para su debate con el Banco Mundial y sus socios.